Aparecen nuevas herramientas de trabajo que requieren otras competencias digitales

Estamos viviendo una transición complicada en un proceso de cambio que modifica notablemente nuestras herramientas de trabajo, reclamándonos una constante adaptación basada en la incorporación de distintas competencias digitales. Ya no se trata de manejar Word o Excel, de utilizar el correo electrónico o saber adjuntar un archivo, se requieren –de acuerdo a la ocasión- el dominio de herramientas de trabajo digitales que se actualizan y se renuevan constantemente.

El cambio de paradigma actual no es desde lo analógico hacia lo digital, parte de las profundas modificaciones en el seno de la realidad digital que ha alcanzado a gran parte de las actividades humanas. Supera la concepción inicial del digitalismo que coloca a las tecnologías digitales como propias de actividades inherentes a la información y la comunicación. Ahora el avance y los usos derivan a otra concepción que asume un desafiante horizonte de posibilidades en la facilitación de tareas útiles para el aprendizaje y al acceso y divulgación de conocimientos.

Contenidos con valor agregado ante la infoxicación, buscadores de web semántica que rastrean en un océano de información,  grandes datos que se producen al segundo y se acumulan en la abundancia, son algunos de los aspectos que ya han comenzado a modificar el ecosistema del conocimiento, alterando la morfología y el fin de nuestras herramientas de trabajo y la necesidad permanente de actualizar nuestras competencias digitales. Tenemos que aprender día a día.

La denominada web 3.0 marca un proceso evolutivo en las prestaciones y la manera de hacer uso de las tecnologías digitales en red.

Nuevas competencias digitales son requeridas por la web 3.0. Búsqueda, filtrado, caracterización y publicación de información de calidad son algunas de ellas.

Nuevas competencias digitales son requeridas por la web 3.0. Búsqueda, filtrado, caracterización y publicación de información de calidad son algunas de ellas.

El británico Tim Berners-Lee desarrolló en la transición entre la penúltima y última décadas del siglo pasado la World Wide Web. En esa tarea Berners-Lee contó con la asistencia del informático belga Robert Cailliau. La propuesta formal que documenta el avance del proyecto fue publicada en agosto de 1991.

La idea era hacer confluir el hipertexto con internet para -de esta manera- obtener un sistema de distribución de documentos entre computadoras interconectadas.

Como todo desarrollo la expansión de la web tomó su tiempo, siendo el ámbito académico uno de los más aventajados en su aplicación. Sin embargo debemos distinguir varios aspectos en la apariencia y uso de los documentos digitales disponibles en una red tecnológica mundial.

Durante la última década del Siglo XX la web era utilizada como un sistema de publicación de información de interés de las organizaciones. En esa época podíamos acceder a los datos principales que empresas u organismos públicos querían que los lectores conocieran. Comenzaban a aparecer las primeras publicaciones académicas donde los artículos presentados por los autores eran incluidos con sus textos completos y podían ser leídos e impresos en puntos lejanos. Toda organización que contaba con una web también informaba su correo electrónico para poder ponerse en contacto y de esta manera “interactuar” con sus lectores. Es en esta época cuando se instala de una manera sostenida la calificación de “nuevas tecnologías de la comunicación e información”, también apodadas NTIC o TICs, para darle un sentido de pluralidad tecnológica.  A la web de la época se la bautiza después como Web 1.0. Así comienzan a cambiar nuestras herramientas de trabajo, del lápiz al mouse, del folleto a la página web, de la carta al e-mail. Comienzan a aparecer nuevas necesidades y los puestos de empleo solicitan personal que incorporen competencias digitales.

De las TIC a las TAC

Hace tiempo que de nuevas estas tecnologías no tienen nada. Eso es un hecho. Pero… ¿debemos seguir reconociéndolas como tecnologías de la información y la comunicación?

En parte sí, porque lo siguen siendo. En una analogía con la “telefonía móvil” esa función es cada vez más secundaria o, al menos, no describe todo el auténtico potencial de la incorporación de la tecnología de la era del digitalismo en la época actual. Ahora son instrumentos que nos abren una puerta a otras posibilidades de aprendizaje y de conocimiento de nuestro entorno.

Los primeros años de la web fueron claramente innovadores en las potencialidades de acceder a información y establecer mecanismos de interacción entre las personas, entre las organizaciones o entre ambas.

De la misma manera ocurrió durante el período conocido como el de la Web 2.0. Nuevamente cambian las herramientas de trabajo y también las competencias digitales requeridas.

La web 2.0 es conocida como la web social. La participación y la creación de contenidos por parte de usuarios es la señal distintiva.

La web 2.0 es conocida como la web social. La participación y la creación de contenidos por parte de usuarios es la señal distintiva.

En este siglo, ya promediada la primera década, surgen y comienzan a impactar en la sociedad las llamadas redes sociales, a la vez que comparten espacio-tiempo y prestaciones con los surgentes “smartphones”, a los que no les quitamos el mote telefónico, al menos no hacemos referencia a las radiocomunicaciones.

La impronta revolucionaria de las redes sociales está dada por la relevancia del usuario, su condición de prosumidor (dualidad funcional simultánea e indistinta como productor y consumidor de contenidos) y en la necesidad de las audiencias crecientes de satisfacer sus requerimientos de participación y de diálogo. La web 2.0 se define en las conversaciones, en la colaboración y en el alto tráfico de datos que estas generan. La fase de comunicación de las tecnologías cobra un papel central en la configuración de la web 2.0.

Aparecen nuevos oficios o profesiones, muchas veces alejados de la trama burocrática de planes de estudio y titulaciones, Community Manager, Search Engine Optimization (SEO), comienzan a ser requeridos por personas y organizaciones.

La emergente web 3.0 apunta al universo de contenidos que configura la actual fisonomía de Internet. No solo se ha alcanzado una importante cantidad de datos disponibles sino también –entre otras cosas- una producción de información estadística y especializada generada por personas e instituciones con autoridad en cada materia. Desde actualizadas publicaciones científicas hasta modelos para construir instrumentos en impresoras 3D, están disponibles en Internet. La incertidumbre es mayor, siempre proporcional al nivel de infoxicación. Demasiados datos y-tal vez los mejores- ocultos en la maraña de basura, repetición y contaminación.

Se inicia la etapa de valoración de los contenidos en Internet. Nuevamente cambian las herramientas de trabajo y las necesidades de incorporar otras competencias digitales, respecto a las que nos habíamos acostumbrado. No solo es necesario conocer y aplicar acciones en redes sociales, hay que sumar habilidades en búsqueda, filtrado, clasificación  y análisis de los datos existentes. Surgen nuevas prácticas, oficios o profesiones: Content Curator, Experto en Big Data o en Impresión 3D, etc.

Están cambiando las formas de trabajar y de estudiar, de aprender y de producir.

Se impone entonces el abrir nuestras mentes a la incorporación de conocimientos sobre nuevas herramientas de trabajo y dominio de otras competencias digitales.


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